SIFRINISMO EN LA COYUNTURA



Lo que estas manifestaciones permiten visualizar es eso que Herrera Luque llamó el “Ser mantuano” y la adherencia de sus nuevas generaciones que llevan por rostro los estudiantes de universidades privadas y públicas de altísimo presupuesto financiado por el pueblo venezolano pero con claras intenciones de vivir en el extranjero después de la obtención del título. 

Tienen cubiertas todas las necesidades, nunca han sufrido cortes de agua ni luz y viven rodeados de productos lujosos en medio de las mayores desigualdades. Esta “protesta” busca desconocer cualquier vía democrática para la obtención del poder político y reclama la necesidad del “linaje” y de la “herencia” para volver a la “normalidad”, a la “paz”. Otra vez Briceño Guerrero lo explica bien: “las anacrónicas intrigas mantuanas no logran hacer contacto con lo real extraclásico más allá de lo necesario para sobrevivir” (ídem. pág. X). 



Por ello, la mayor consecuencia del chavismo como fenómeno electoral, social y militar es que obligó a las élites a aceptar los caminos democráticos por lo que tuvieron que cambiar de estrategia e intentar apropiarse de urgentes y reales demandas populares, lo que le permitió influenciar, rozando el triunfo electoral en abril de 2013, las capas media-bajas que vienen creciendo gracias al ingreso petrolero de los últimos años y al “engordamiento” del Estado como aparato que sublima el Sentido socio-histórico y lo subsume en reivindicaciones laborales e individuales completamente desclasadas y que llevan a formar una clase incluida pero autorregulada y excluyente de las mayorías. La Burocracia como clase, con sus propios intereses y nuevos temores. 

Pero al culminar el “ciclo democrático” escenario donde han perdido los últimos quince años, en el 2014, deciden nuevamente intentar el camino insurreccional faltando más de dos años para que pueda producirse una nueva consulta electoral presidencial que pueda abrirles un nuevo escenario electoral. En definitiva, no están dispuestos a esperar.


El fracaso “temprano” del camino insurreccional permitirá a la “oposición democrática” que no se sumó a la aventura, reordenar su fuerza, retomar el horizonte y “metabolizar” las demandas del sifrinaje como “sujeto único” con relación al resto de la oposición que más bien buscará solidificar su alianza con sectores populares donde ya han tenido inserción y donde el conflicto de clase está siendo sublimado, atemperado, suavizado por el Estado realmente existente. 

Pero el nuevo fracaso insurreccional también permite al chavismo denunciar las intenciones reales del sifrinaje quien denigra de los sujetos populares, criminaliza toda acción popular que no sume a sus intereses y termina llamando “mono”, “horda”, “marginal” ya no sólo al chavismo electoral, sino a los sectores populares que votan por su propuesta electoral. En definitiva, este escenario devela que son los “Amos del Valle” quienes están detrás de las campañas que en elecciones recogen el cierto malestar popular. Las familias Mendoza, Zuloaga, Machado, Capriles que como nos recordó Domingo Alberto Rangel en el libro La oligarquía del dinero son los mismos que vinieron a imponer la compañía Guipuzcoana y quienes condenaron a “orillarse” a buena parte de los europeos que venían de los sectores excluidos de Europa y de las islas, son los que dirigen de manera abierta, lideran públicamente, las acciones opositoras. Esos que protestan hoy son la descendencia de las oleadas europeas que culminaron quedándose con las principales riquezas del país por medio del saqueo, la violencia y la explotación; viven en las “zonas urbanizadas” de las ciudades, mantienen viaje constante con los países europeos y norteamericanos, comparten sus “valores culturales” y la principal demanda es que se detenga cualquier intento de “democratización social” y “socialización de las riquezas” con lo cual han respaldado siempre la férrea represión como la de aquel 27 de febrero. Esta demanda tendrán que esconderla los próximos años mientras sus líderes con “linaje” siguen educándose para convencer al pueblo. 


El chavismo en cambio sufre el riesgo de, diluida la salida insurreccional, fiarse de las instituciones del Estado y sindicatos como el petrolero y perder influencia en el barrio como espacio privilegiado de producción de chavismo, con lo cual dejaría el camino libre, en plena “Guerra Económica”, para la penetración mayor y definitiva de una oposición diseñada con contenidos populares.

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